jueves, 10 de marzo de 2016

Conferencia Nuccio Ordine. “En defensa de lo inútil”.



El pasado mes de febrero el filósofo italiano Nuccio Ordine pasó por Barcelona con motivo del 30 aniversario del Instituto de Humanidades de la ciudad condal. Fue un acierto, sin duda, porque nadie mejor que el autor del manifiesto: La utilidad de lo inútil” (Editorial Acantilado, 2013) – un ensayo que va ya por su decimotercera edición-, para expresar la necesidad de defender el estudio de las humanidades en el actual contexto capitalista. 

Nadie mejor que este destacado profesor de literatura, especializado en el renacimiento y en el pensamiento del polifacético Giordano Bruno, para despertar nuestras conciencias y animarlas en la lucha contra el desangelado y despiadado monstruo del utilitarismo, contra la aberración que significa considerar inútil aquello que no produce un beneficio económico inmediato.

Vivimos en un sistema dirigido por la lógica del mercado, en un contexto social donde cada elección, cada gesto, cada palabra y cada acción, deben doblegarse ante la lógica material. Un mundo donde parece un acto heroico cultivar una pasión o un interés en nombre de un placer desinteresado y gratuito. El actual contexto político, social y económico está, cada vez más, dominado por la dictadura del utilitarismo. Nada resulta valioso si no puede contestar fácilmente a la pregunta: para que sirve? Parece sencillo responder a la cuestión si lo que se analiza es una herramienta, pero es más difícil abordarla cuando queremos explicar para qué sirve la música, la poesía o el arte. Por eso, con tristeza, Ordine afirma:” dentro del universo del utilitarismo un martillo tiene más valor que un cuadro”.

El utilitarismo ya ha invadido ámbitos y espacios de nuestra vida que deberían preservarse de la lógica del beneficio, porque no todo puede ser transformado en mercancía. El profesor Ordine se refiere al patrimonio artístico, valorado a menudo según su rentabilidad económica por encima del valor cultural; se refiere también a la investigación teórica, que sufre recortes continuos si no tiene una aplicación inmediata en el mercado, a pesar de que – sin menospreciar el progreso científico que aporta la investigación aplicada- las grandes revoluciones científicas en la historia de la humanidad han llegado de la mano de las investigaciones consideradas inútiles, es decir, aquellas que nacían fuera de cualquier fin utilitario. Pero sobretodo, el profesor se refiere a las instituciones educativas. La gestión empresarial, que no vacila en desprenderse de una rama improductiva, no puede aplicarse en el mundo de la enseñanza, transferir estos principios a la universidad no es solo una aberración, sino también un peligro. Si desaparecen departamentos o disciplinas que no tienen matriculaciones masivas – los alumnos tratados como clientes-, como el latín o el griego, la filología, la paleografía, o incluso la arqueología, se nos está condenando a la amnesia, y el resultado es que: “tendremos una humanidad desmemoriada que perderá completamente el sentido de la misma identidad y de la historia”.

Y todo esto, nos advierte Ordine, tendrá consecuencias para el destino de la democracia y de la libertad. Porque llevar a cabo las reformas –amparadas bajo la coartada de la crisis económica- que pretenden orientar la formación de los jóvenes únicamente al aprendizaje de un oficio, es caparles el espíritu, es negarles su derecho a buscar su propia verdad, es mutilarles sus oportunidades de conquistar un saber crítico, de razonar autónomamente y por lo tanto de ser libres.

Estamos ante una crisis moral que ha perdido de vista el valor de la belleza y el papel cívico del arte en la formación de la identidad y el crecimiento cultural de un pueblo. No tenemos conciencia: “de que la literatura y los saberes humanistas, la cultura y la enseñanza, constituyen el líquido amniótico ideal en el cual las ideas de democracia, libertad, justicia, igualdad, derecho a la crítica, tolerancia y solidaridad, pueden experimentar un vigoroso desarrollo”. Así pues, es importante no olvidar que la enseñanza humanística es una oportunidad que la sociedad ofrece para que intentemos ser mejores.

Invertir en estos saberes inútiles, y en la cultura en general, significa también educar a las futuras generaciones en el amor por el bien común, en el respeto a la justicia y el rechazo a la corrupción. Es también invertir en democracia con el objetivo evidente de, no solo mejorar el crecimiento cultural del país, sino también en el crecimiento económico. Porque la corrupción y la evasión fiscal que drenan nuestros recursos y minimizan nuestras posibilidades, se combaten solo parcialmente por leyes, la lucha efectiva contra estas plagas pasa por la escuela con la formación de ciudadanos con capacidad de amar el bien común y de oponerse a la lógica del beneficio rapaz que ha desencadenado este egoísmo que nos ahoga.

A lo largo de los siglos, numerosos artistas y literatos han insistido en la importancia de los saberes inútiles para lograr que la humanidad sea más humana. Él mismo, en su ensayo anteriormente nombrado, recoge estos testimonios de grandes autores, desde el mundo clásico hasta la actualidad, con la esperanza de transmitir la importancia de la cultura, con el objetivo de hacernos entender que un acto gratuito, que solo responde al deseo de nutrir el espíritu, que un gesto capaz de rehuir la lógica comercial, es necesario. Y lo es, porque por él mismo demuestra la existencia de un valor alternativo a la supremacía de las leyes del mercado y del lucro.

Ordine está convencido que la cultura puede ser un antídoto contra la lógica vencedora del utilitarismo, una forma de resistencia a la dictadura de los mercados. Solo la cultura y el reconocimiento de la utilidad de lo inútil, puede frenar la degradación que el utilitarismo ha abocado al hombre moderno. 

Todos los que pensamos que los estudios humanitas son esenciales para devolver a la humanidad su libertad y dignidad expoliada por la dictadura del beneficio, fuimos exhortados con vehemencia por este brillante hombre de letras a trabajar sin desfallecer, a luchar con valentía e ir contracorriente para llevar nuestra pequeña gota de rocío hacia el incendio feroz del utilitarismo.
 

Si queréis está la versión en catalán que publiqué en la Revista Núvol

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