ARTISTA INVITADO

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miércoles, 22 de febrero de 2017

El asesino del acantilado. Antonio Manzanera



Ediciones B nos presenta la última novela de Antonio Manzanera; “El asesino del Acantilado”, una monumental novela negra en tres actos que está pidiendo a gritos ser llevada al cine.

Cheney Moore es un modesto detective de Los Ángeles que sobrevive investigando adulterios, fraudes o desapariciones hasta que un mediodía de febrero de 1984 recibe un encargo que pinta mal.  Un hombre, que se presenta como el taxista que lleva a los presos liberados de la cárcel federal de Santa Teresa, le pide que investigue el asesinato de uno de sus pasajeros; Ralph Sanders, un atracador que cumplió cuatro años de condena por el robo al banco en el que trabajaba y cuyo botín nunca fue encontrado.

Moore, que no disfruta de una economía solvente, acepta el caso enseguida. Ni que decir tiene que la posibilidad de encontrar y quedarse el dinero del atraco le atrae, pero es que además, las heridas del cadáver de Sanders recuerdan el modus operandi de un asesino en serie que hacía más de siete años que no actuaba en California; el llamado asesino del acantilado.

Así empezamos, con el foco dirigido hacia Moore y sus pesquisas. El investigador, aunque no parece un hombre de acción, es un tipo listo que sabe cómo tocar las teclas adecuadas para ir avanzando en su investigación mientras se mete en líos con la policía de Los Ángeles. Es en esa ciudad de la costa oeste de los estados unidos, entre 1977 y 1984, donde transcurre la acción, y es con ese ambiente como Manzanera rinde homenaje a los grandes escritores estadounidenses de la literatura negra del siglo XX, especialmente a su admirado Ross MacDonald, y es que no es casualidad que la prisión federal de Oldstock esté ubicada en la inexistente Santa Teresa, un pueblo a 150 km al norte de Los Ángeles, donde tiene su sede el famoso detective de Ross MacDonald; Lew Archer.

Hasta aquí la novela está bien, te vas metiendo en la atmósfera de la ciudad de Los Ángeles, disfrutas del ritmo acelerado de la narración, vas empatizando con Moore y con sus técnicas, y de golpe y porrazo… oh, ¡sorpresa! El foco, que estaba puesto sobre el investigador se aleja y con ello se te abren nuevas perspectivas. Es entonces cuando te das cuenta de que la cosa no va a ser tan fácil, que no estás ante la típica novela de introducción, nudo y desenlace sino que tienes entre manos una pequeña maravilla que te va a exigir más. 

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