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Extraños llamando a la puerta. Zygmunt Bauman


“La humanidad está en crisis, y no hay otra salida que la solidaridad humana”


El padre del concepto de la modernidad líquida; Zygmunt Bauman, nos dejaba justo empezar el 2017. El reconocido sociólogo y filósofo escribió numerosos ensayos, todos esenciales para entender los cambios culturales y sociales que se están produciendo, y como afectan estas transformaciones al individuo. Uno de sus últimos trabajos fue un breve ensayo dedicado a los refugiados, publicado en castellano por la editorial Paidós. 

Si bien el fenómeno de la migración masiva no es nuevo, pues ha acompañado a la era moderna desde sus inicios, en los últimos años ha aumentado significativamente el número total de inmigrantes que llaman a la puerta de Europa. A las personas que huyen de la miseria – “nuestro estilo de vida implica que haya personas sobrantes” – se suman los refugiados y los solicitantes de asilo, nos encontramos cara a cara con la consecuencia de las desastrosas expediciones en Oriente Medio, y también, con un alarmante aumento de estados fallidos.

La inseguridad del individuo al servicio de la política

La sensación general de inseguridad existencial es una característica de nuestra sociedad actual, la “sociedad del rendimiento” como la calificaba el filósofo. La desregulación del mercado laboral – camuflada tras el eufemismo de “flexibilidad” – ha contribuido al aumento de una inseguridad que resulta útil a los líderes políticos. La clase media vive angustiada, consciente de la fragilidad de su posición social, de la incertidumbre del futuro y de la sensación constante de inseguridad que los medios y los creadores de opinión, ayudan a replicar. Esta inquietud que se ha instalado, lejos de ser  aplacada, permite al gobierno poner en práctica políticas de “segurización”.


Estas políticas en realidad son un truco, una trampa que pretende desviar la ansiedad de los problemas que nuestros gobernantes no tienen la capacidad, o tal vez la voluntad,  de afrontar – como por ejemplo crear un sistema de protección social satisfactorio – hacia problemas que creen que pueden resolver o controlar. Hablamos de la lucha contra el terrorismo que amenaza la seguridad física de sus votantes. Así, los asuntos de seguridad adquieren un papel primordial porque sostienen la legitimidad del poder a la vez que aportan votos.

Vivimos en una sociedad llena de riesgos pero vacía de certezas y garantías. La vida cotidiana se precariza y el individuo se ve obligado a estar siempre preparado. Somos testimonios de cómo los poderes existentes han abandonado – o privatizado - la tarea de afrontar los problemas existenciales de los seres humanos, y también, de cómo esa titánica tarea, ha sido descargada sobre los hombros del individuo, un individuo condenado a lidiar en solitario, con sus insuficientes recursos personales, con los problemas creados por la sociedad.

El estado nación empieza a fallarnos a escala mundial, y ante este panorama imprevisible, la reacción de “las clases angustiadas” es buscar refugio y protección bajo el ala de un hombre, o de una mujer fuerte. Explica Bauman que las sociedades fracasadas depositan sus esperanzas en un salvador, que buscan a alguien que muestre un nacionalismo fuerte, militante y agresivo, un líder que prometa cerrar las puertas al planeta globalizado y retornar a un pasado que muchos añoran. La debilidad y el miedo estimulan los movimientos de identidad étnica, son intentos desesperados de levantar barricadas para contener las fuerzas del mundo moderno, para rehuir, inútilmente, las transformaciones socioeconómicas que se producen. “Cuando la sociedad falla, la nación aparece”.


Los extraños tienden a producir ansiedad y miedo

“Los refugiados encarnan el hundimiento del orden y nos recuerdan nuestra vulnerabilidad ante unas fuerzas globales desconcertantes.”


El miedo focalizado en un adversario tangible resulta más soportable, que cuando el origen de nuestro miedo nos es desconocido o se encuentra disperso. Actualmente, los inmigrantes y los refugiados encajan perfectamente en este papel. En los países receptores se ha construido un discurso que los estigmatiza doblemente, por una parte se incide en los peligros que esta “crisis migratoria” puede suponer para nuestro enclenque estado del bienestar, y, por otro lado, la política de la segurización, no pierde ocasión de asociarlos con los actos terroristas.

En nuestro mundo, cada vez más desregulado, multicéntrico y desarticulado, la mayoría de la población observa con preocupación la afluencia masiva de refugiados, sufren por su estatus social ante la emergente precariedad. Sin embargo, este rechazo choca frontalmente con nuestra innata conciencia, con la responsabilidad moral del individuo.

Bauman advierte, el obstáculo a batir es la adiaforización, es decir, la actitud distante, la indiferencia moral ante las desgracias del mundo.


No nos resultará fácil, las políticas de segurización - con la complicidad de la maquinaria mediática e institucional - extraen la cuestión de la inmigración de la esfera de la ética, para colocarla en la de las amenazas a la seguridad, y lo hacen deshumanizando a los que llegan. Se les atribuyen rasgos negativos, o simplemente se les difama, todo con el objetivo de incluirlos en una categoría de personas no merecedoras de nuestra consideración o respeto.

Una vez los inmigrantes han sido etiquetados por la opinión pública como posibles terroristas quedan fuera del espacio de la compasión. Ese acto infame, por otro lado, nos aporta un beneficio, y es que nos libera de la responsabilidad de su destino, de nuestro deber moral.

Pero para hacer frente a esta realidad irreversible no servirán de nada las políticas encaminadas a separarnos. Las comunidades y los grupos étnicos de las sociedades modernas están condenados a coexistir, a pesar de la retórica nacionalista que deslumbra a muchos. A corto plazo los muros pueden esconder el problema, pero la única solución para salir del malestar actual y evitar futuros males mayores, es luchar contra la tentación de aislarnos de la diferencia y favorecer una fusión de horizontes, porque nos jugamos mucho. El camino de la alienación y la indiferencia mutua nos conduce a la extinción colectiva, el cambio climático no se detendrá tras nuestras fronteras y afectará el futuro que compartiremos. Es hora de conversar, en el sentido amplio de la palabra, y empezar a “cosmopolizar” nuestras mentalidades. 

Comentarios

  1. Mi más sentido, sincero y entusiasta aplauso. Me tengo que hacer con ese ensayo porque veo que incide en cosas en las que yo pienso mucho y hablo con la gente que me rodea. Primero hemos creado un mundo invivible para la mayor parte de la población mundial (colonizaciones nefastas, descolonizaciones aún peores, guerras estúpidas camufladas de cualquier cosa cuando lo único que primaba era el enriquecimiento de unos pocos o el control de recursos estratégicos) y luego, cuando esa población quiere venir a gozar de lo que aquí tanto presumimos, como si nos lo hubiéramos ganado por listos y guapos, los tratamos de terroristas y delincuentes.
    "𝘭𝘢𝘴 𝘴𝘰𝘤𝘪𝘦𝘥𝘢𝘥𝘦𝘴 𝘧𝘳𝘢𝘤𝘢𝘴𝘢𝘥𝘢𝘴 𝘥𝘦𝘱𝘰𝘴𝘪𝘵𝘢𝘯 𝘴𝘶𝘴 𝘦𝘴𝘱𝘦𝘳𝘢𝘯𝘻𝘢𝘴 𝘦𝘯 𝘶𝘯 𝘴𝘢𝘭𝘷𝘢𝘥𝘰𝘳, 𝘲𝘶𝘦 𝘣𝘶𝘴𝘤𝘢𝘯 𝘢 𝘢𝘭𝘨𝘶𝘪𝘦𝘯 𝘲𝘶𝘦 𝘮𝘶𝘦𝘴𝘵𝘳𝘦 𝘶𝘯 𝘯𝘢𝘤𝘪𝘰𝘯𝘢𝘭𝘪𝘴𝘮𝘰 𝘧𝘶𝘦𝘳𝘵𝘦, 𝘮𝘪𝘭𝘪𝘵𝘢𝘯𝘵𝘦 𝘺 𝘢𝘨𝘳𝘦𝘴𝘪𝘷𝘰, 𝘶𝘯 𝘭í𝘥𝘦𝘳 𝘲𝘶𝘦 𝘱𝘳𝘰𝘮𝘦𝘵𝘢 𝘤𝘦𝘳𝘳𝘢𝘳 𝘭𝘢𝘴 𝘱𝘶𝘦𝘳𝘵𝘢𝘴 𝘢𝘭 𝘱𝘭𝘢𝘯𝘦𝘵𝘢 𝘨𝘭𝘰𝘣𝘢𝘭𝘪𝘻𝘢𝘥𝘰 𝘺 𝘳𝘦𝘵𝘰𝘳𝘯𝘢𝘳 𝘢 𝘶𝘯 𝘱𝘢𝘴𝘢𝘥𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘮𝘶𝘤𝘩𝘰𝘴 𝘢ñ𝘰𝘳𝘢𝘯. 𝘓𝘢 𝘥𝘦𝘣𝘪𝘭𝘪𝘥𝘢𝘥 𝘺 𝘦𝘭 𝘮𝘪𝘦𝘥𝘰 𝘦𝘴𝘵𝘪𝘮𝘶𝘭𝘢𝘯 𝘭𝘰𝘴 𝘮𝘰𝘷𝘪𝘮𝘪𝘦𝘯𝘵𝘰𝘴 𝘥𝘦 𝘪𝘥𝘦𝘯𝘵𝘪𝘥𝘢𝘥 é𝘵𝘯𝘪𝘤𝘢, 𝘴𝘰𝘯 𝘪𝘯𝘵𝘦𝘯𝘵𝘰𝘴 𝘥𝘦𝘴𝘦𝘴𝘱𝘦𝘳𝘢𝘥𝘰𝘴 𝘥𝘦 𝘭𝘦𝘷𝘢𝘯𝘵𝘢𝘳 𝘣𝘢𝘳𝘳𝘪𝘤𝘢𝘥𝘢𝘴 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘤𝘰𝘯𝘵𝘦𝘯𝘦𝘳 𝘭𝘢𝘴 𝘧𝘶𝘦𝘳𝘻𝘢𝘴 𝘥𝘦𝘭 𝘮𝘶𝘯𝘥𝘰 𝘮𝘰𝘥𝘦𝘳𝘯𝘰, 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘳𝘦𝘩𝘶𝘪𝘳, 𝘪𝘯ú𝘵𝘪𝘭𝘮𝘦𝘯𝘵𝘦, 𝘭𝘢𝘴 𝘵𝘳𝘢𝘯𝘴𝘧𝘰𝘳𝘮𝘢𝘤𝘪𝘰𝘯𝘦𝘴 𝘴𝘰𝘤𝘪𝘰𝘦𝘤𝘰𝘯ó𝘮𝘪𝘤𝘢𝘴 𝘲𝘶𝘦 𝘴𝘦 𝘱𝘳𝘰𝘥𝘶𝘤𝘦𝘯. “𝘊𝘶𝘢𝘯𝘥𝘰 𝘭𝘢 𝘴𝘰𝘤𝘪𝘦𝘥𝘢𝘥 𝘧𝘢𝘭𝘭𝘢, 𝘭𝘢 𝘯𝘢𝘤𝘪ó𝘯 𝘢𝘱𝘢𝘳𝘦𝘤𝘦”." Esa frase me ha puesto los pelos de punta porque no he podido dejar de recordar y pienso que tal vez la realidad, por fin me permita entender la barbarie nazi, algo que, montones de libros, películas y documentales, no han conseguido esclarecer para mí.
    Un beso.

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