Hace más de una década que leí por primera vez "La niebla y la
doncella" del escritor Lorenzo Silva (Editorial Destino), la novela que, a
mi humilde parecer, es la mejor de la saga Bevilacqua- Chamorro. Ahora que esta
pareja de Guardias Civiles vuelve a ser actualidad por llevar un nuevo caso al
cine, he decidido rescatarla y releerla con la tranquilidad que da saber el
final. Y así, liberada del enigma, la he disfrutado otra vez, tanto que me he
vuelto a enamorar del protagonista; Ruben Bevilacqua, el sargento de la Guardia
Civil, encarnado esta vez, en el actor Quim Gutiérrez.
¿Por qué? Pues porque aquí está en su punto, está fuerte, pletórico,
valiente, decidido y, sobretodo, en sus plenas facultades irónicas. Para todo
aún tiene opinión y sobretodo ganas de expresarla. Más adelante os daré
ejemplos. Pero empezaré con orden, porque estoy hablando de él como si todos ya
lo conocierais y - aunque deberíais- imagino que no es así.
El sargento Bevilacqua y su compañera, la cabo Virginia Chamorro son dos
agentes de la Guardia Civil que llevan juntos - en el momento de la novela que
nos ocupa- poco más de tres años. El ingenio de Silva los unió por primera vez
en la novela "El lejano país de los estanques" (Editorial Destino,
1998) y desde entonces la pareja – hoy por hoy exclusivamente profesional- ha
viajado por toda la geografía española resolviendo asesinatos. En aquel momento Chamorro era una joven
inexperta que apuntaba maneras y Vila, el diminutivo que utiliza el sargento
para facilitar su denominación al prójimo, un agente algo más curtido que
acarreaba con suspicacia la designación de la compañera.
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