lunes, 20 de marzo de 2017

Vernon Subutex 2. Virginie Despentes

Ya tenemos aquí la segunda entrega de Vernon Subutex,  la trilogía iniciada en el 2015 por Virginie Despentes en la que se nos presentaba a Vernon, un desclasado hombre de mediana edad sumido en la ruina que trataba de sobrevivir en las calles de París. La novela, mordaz e irreverente, enumeraba los males de la actual sociedad francesa encarnándolos en los estrafalarios contactos de los que nuestro looser – armado con su Facebook-echaba mano para evitar dormir en la intemperie los primeros días.

Despentes nos dejó a un Subutex medio ido, avergonzado por su situación aunque resignado a engrosar las filas de los vagabundos que habitan en los parques parisinos. Lo había perdido todo; su tienda de discos, su piso y hasta su orgullo. Ni siquiera conservaba las cintas en las que su amigo, el famoso cantante Alex Bleach, colocado hasta las cejas, se desahogaba pocos días antes de suicidarse. Recordemos que las cotizadas grabaciones eran la pesadilla del todopoderoso productor de cine Dopalet, pues bien, en esta segunda entrega entenderemos sus motivos, ya que nos serán desveladas en los primeros capítulos.

La novela arranca con un Vernon enfermo y apático que empieza a crearse hábitos en su nueva vida al aire libre. Se ha apalancado en el parque Buttes Chaumont del distrito XIX, y allí sin más compañía que el frío, el mal olor que desprende, y algún que otro paria como él, pasa los días escondido de los vecinos.  Subutex ya no existe, está fuera del viejo sistema.

              “su antigua identidad ya no le interesaba. Le había resbalado por la espalda como un abrigo viejo, pesado y engorroso. Quién había sido durante décadas ya no era  cosa suya.”

Sin embargo, sus contactos le buscan, y empujados por su mala conciencia,  impulsan un grupo de Whatsapp que bajo la etiqueta dondesehametidosubutex pretende encontrar a nuestro hombre.

Pero algo ha cambiado en este libro, Subutex no es tan protagonista y en cierto modo eso lo hace menos pesimista. Despentes se ha centrado más en esos exagerados personajes que en algún momento se cruzaron con él en la primera entrega. Como Emilie, la soltera desesperada que compartió escenario y banda de rock con el joven Vernon; Pamela Kant la exuberante estrella porno; Xavier el guionista racista amigo de la infancia, o Patrice, el alcohólico agresivo que acogió a Vernon unos días. A estos se les sumarán más y es que Subutex es como un imán. La vida en la calle no le ha restado ni un ápice a su carisma. Su magnetismo, tras pasar por una ducha, se pone a trabajar y aunque él no lo pretende, sus conocidos, una vez lo encuentren, no podrán dejarlo. Y es que todos ellos, insignificantes por si solos, ciudadanos de segunda, perdedores, infelices y carne de cañón, encuentran consuelo y sentido en la comunidad que se está formando alrededor de su nuevo mesias; el DJ Subutex.

Lo que no ha cambiado es la crítica feroz a la sociedad francesa actual - extrapolable a la de cualquier país vecino-  ni el estilo directo y descarado de esta polémica escritora. Despentes no deja títere con cabeza, sus personajes - fuertemente estereotipados- se despojan de remilgos y cargan contra la política y el Estado que les ha estafado.

Contra la precariedad laboral de los jóvenes, contra la prensa complaciente que se dedica a domesticar a la opinión pública, contra esa intolerancia – alimentada- que va en aumento.

              "Ahora, todo está dispuesto para que los que no tienen nada se dediquen a querer      matar a los que tienen todavía menos, animados por las élites, que están encantadas. Vamos, pobres idiotas, mataos entre vosotros."





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