jueves, 10 de diciembre de 2015

Estados Unidos, el islam y el nuevo orden mundial



Este libro pretendía ser una continuación de su anterior obra: “Señores y vasallos del siglo XXI” (2004) donde se analizaba el poder mundial y los conflictos internacionales posteriores a la Guerra Fría. En esta nueva obra se nos muestra en tres grandes bloques la transformación, evolución y naturaleza de aquel poder mundial, los cambios producidos en las relaciones internacionales y en los conflictos armados y finalmente como estos cambios determinan las relaciones de occidente con el mundo islámico. La premisa está clara: un nuevo orden mundial se está gestando porque la desaparición de la URSS, que supuso una ruptura del equilibrio de poder, tuvo consecuencias globales.

En el primer bloque del libro se analizan estas consecuencias. Además, se suma al orden mundial que se gestando un factor nuevo, inesperado y desconocido para un mundo aún bipolar: la entrada de la religión como fuerza política. 
Es el Irán de los ayatolás. La proclamación el 1979 de la República Islámica de Irán significará cambios importantes en la geopolítica de la zona de Oriente Medio y Asia Central. Los principios del islam invocados por Jomeini como forma de organización política y social estaban muy lejos de la ideología capitalista o comunista que imperaba. Así se explica la alianza entre los EEUU, los Sauditas y Paquistán con el Irak de Sadam Husein, que consolidaba en esta guerra contra Irán su posición internacional.
Una posición que no supo, o que no pudo, gestionar de forma satisfactoria. Pagará cara la lectura errónea del contexto internacional después de los atentados del 11S y, sobretodo, el no posicionarse claramente al lado de los estadounidenses en su guerra contra el terrorismo internacional. Husein perdió así la oportunidad de legitimar ante occidente su dictadura. 
El autor analiza con detalle el contexto del país, como se gesta, se desarrolla y se intenta poner fin a la guerra de los EEUU contra Irak el 2003. Una guerra justificada por la existencia de unas armas de destrucción masiva que nunca han aparecido.

El fenómeno de Al-Qaeda también es analizado en este primer bloque. El origen está en esos años 80 con un Osama Bin Laden que lidera el entramado islamista suní que los EE.UU, los sauditas y los servicios de inteligencia del Paquistán organizan para controlar el Afganistán soviético. Pero aunque en el 1996 esta organización islamista ya había declarado la yihad contra los EEUU no será hasta los atentados del 2001 – y su repercusión mediática- que Bin Laden y Al-Qaeda recogen el testigo de la URSS como el nuevo enemigo absoluto a batir. 
La reacción en occidente se traduce, por un lado con el soporte a regímenes dictatoriales para frenar el islamismo, y por otro a difundir una visión del islam incompatible con la democracia y además asociado al terrorismo. Esto consigue inculcar en la opinión pública la peligrosa dicotomía entre seguridad y libertad. También los grupos yihadistas buscan influir en los musulmanes, se les vende la idea de un occidente que quiere acabar con la religión del Islam. En su conclusión el autor revela que el final de esta organización está cerca.

A través de Gorbachov, Yeltsin y Putin el autor analiza las causas de la disolución de la URSS y seguidamente una de las consecuencias que comportará: el resurgimiento del nacionalismo en algunas de sus zonas de influencia. Son las guerras de Chechenia. La segunda (1999-2005) será utilizada por Putin para presentar un nuevo discurso imperialista ruso. El éxito de Putin fue absoluto, en parte gracias al silencio internacional, pero también al hecho de haber conseguido incluir esta guerra en la lucha contra el terrorismo de los EEUU.

El presidente Clinton es el protagonista del capítulo donde se analizan dos de las consecuencias globales post Guerra Fría; el vació de poder en la zona oriental de Europa que se traduce en la aparición de nuevos estados independientes, y el nuevo papel de árbitro que asume los EEUU como única potencia dominadora que utiliza, ahora también, el soft-power (difusión de su modelo y valores) para mantener su hegemonía. En la zona de los Balcanes la intervención de los EEUU resultará decisiva para llegar a acuerdos después de la implosión de Yugoslavia. Son los acuerdos de Dayton (1995) que no siempre se cumplieron pero que acabaron la guerra de Bosnia reconociendo las fronteras internacionales de Bosnia-Herzegovina. La reaparición del nacionalismo serbio se encarna en la figura de Slodoban Milosevic que ocupará Kosovo e iniciará una limpieza étnica en la zona. Clinton y los dirigentes europeos –azuzados por la opinión pública-, actuarán con contundencia en una zona que resulta clave para la estabilidad de Europa.

También los regímenes árabes y sus relaciones internacionales también se vieron afectados tras la desaparición de la URSS. La Libia de Gadafi, el Irak de Husein y la Siria de Al-Asad son los aliados de Moscú obligados a realizar un viraje en su política exterior. Estos regímenes presidencialistas y autoritarios quedan aislados o debilitados sin el apoyo soviético. El futuro de sus países y el de ellos mismos se determinará por la relación que puedan establecer con la potencia vencedora y, sobretodo, por la postura que adopten después del 11S.
Los regímenes árabes que ya eran aliados de los EEUU también se verán afectados. A pesar de las diferencias entre ellos, tienen en común el temor al ascenso del islamismo en sus regímenes absolutos. La reacción general será el endurecimiento de las derivas autoritarias y la paralización de cualquier cambio político, ilegalizando o controlando a la oposición, en especial la islamista.

El segundo bloque se inicia con la fecha clave del 2001 y los atentados del 11 de septiembre.
La principal consecuencia: el inicio de la guerra contra el terrorismo internacional del presidente Bush que hace suyas las teorías de los neoconservadores. Se prioriza el mantenimiento de la hegemonía mundial de los EEUU a cualquier precio. En este contexto se reanuda el interés por Irak – y sus reservas de petróleo- poniendo sobre la mesa las ADM y el amparo al terrorismo. Se legitima así, de forma unilateral, los ataques preventivos.
El Afganistán de los talibanes será el primer objetivo. Estos, inicialmente recibieron la protección de los EEUU al ser considerados como una herramienta para estabilizar el país después de la salida de la URSS. Pero la dictadura teocrática impuesta en Kabul el 1996, no responde a sus expectativas. También la influencia de Al-Qaeda radicalizará aun más a este régimen fundamentalista. El octubre de 2001 los EEUU deciden atacarlos esgrimiendo el principio de autodefensa. Esta operación permite a los estadounidenses poner un pie en Asia Central y empezar a gestar alianzas con países que en el pasado se alineaban con la URSS. A pesar de la expulsión de los talibanes de Kabul la paz y la estabilidad estaban lejos de llegar. Osama Bin Laden, el principal objetivo, estaba libre.
Ambos casos, Irak y Afganistán, resultan un buen ejemplo de los nuevos combates asimétricos que no han dejado de crecer en este nuevo orden que se está gestando. La población autóctona, cansada de sufrir los daños colaterales, acaba rechazando la presencia de tropas extranjeras, ya muy privatizadas, y a menudo termina colaborando con la resistencia.

El tercer bloque se inicia con la fecha clave del 2011 y las primaveras árabes. Ciego ante la realidad del mundo árabe las revueltas sorprenden y asustan a un occidente que cierra los ojos ante unos gobiernos corruptos y autoritarios que les vende seguridad en forma de represión al islamismo. Los jóvenes árabes, cada vez más preparados se rebelan, denuncian el déficit democrático en el que viven y piden sin miedo su derecho a un futuro mejor.

El autor analiza los diferentes componentes que forman parte de estos procesos tan heterogéneos. La información, las nuevas tecnologías y las redes sociales son un instrumento importante para coordinar las revueltas, pero no son las causas. A éstas debemos añadir el papel de los movimientos sociales que ya canalizaban las diferentes protestas de la población y sobretodo, no olvidar la chispa que hace estallar el conflicto. Veremos los diferentes escenarios y las distintas respuestas que los regímenes autoritarios adoptan ante la amenaza que hace peligrar su modus vivendi. Jordania y Marruecos ofrecen tímidas reformas constitucionales. Ben Alí en Túnez y Mubarak en Egipto se vieron obligados a dejar el poder a pesar del inmovilismo inicial y, finalmente, veremos como en Libia y en Siria las protestas iniciales conllevaron a una guerra civil –aún abierta en el caso de Libia-, y como la comunidad internacional ha adoptado diferentes posturas.

Como conclusión puedo decir que con la lectura de la obra, sin ser un experto en la materia, se puede comprender la evolución que el poder y las relaciones internacionales han sufrido después de la caída del muro de Berlín. El punto fuerte está en el hecho de construir el discurso alrededor de tres fechas claves (1991,2001, 2011). Así, al seguir la línea temporal marcada uno tiene la sensación de percibir el transcurso del tiempo, de ver las causas y los efectos que modifican las relaciones entre occidente y el mundo islámico y como se van sustituyendo las viejas ideologías per las nuevas formas de movilización social. De forma clara también percibimos que el camino aun no ha llegado al final, que todavía se está construyendo y que nuestro tiempo presente es el de una transición global.

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