jueves, 10 de diciembre de 2015

Mi color favorito es verte


El argumento del libro es sencillo. Pilar tiene una aventura amorosa que dura tres días pero que la deja profundamente afectada. Sébastian, el nombre con el que su amante se presenta, le hace sentir emociones que hacía tiempo no vivía. La relación es breve porque Sébastian, que es corresponsal de guerra, debe partir a cubrir los conflictos en Siria. Así debería haber acabado lo que empezó como un amor de verano. Pero ese hombre francés, más joven que ella,  la trastoca de tal manera que hará de Pilar una mujer capaz de creerse cualquier historia o promesa de su amante y, sobretodo de albergar la esperanza de un futuro juntos.
Pero ese reencuentro anunciado por Sébastian parece no llegar nunca y eso la conduce hacia la búsqueda de su hombre misterioso para aclarar las dudas que le van surgiendo sobre su relación.


Valoración personal: 2.5/5

Sin duda no sería un libro para llevarte a una isla desierta, aunque a un vuelo transoceánico tal vez. Si buscas algo ligero, sencillo y a veces hasta divertido - literatura de metro que le llamo-o algo que no te exija una gran dosis de concentración, este es tu libro. De hecho se te puede escapar alguna página, incluso hasta dos porque hay algunos pasajes que se dilatan y ralentizan en exceso, y otros donde se intercalan acciones en la historia al tun-tun, sin ningún objetivo aparente (como ir a comprar al supermercado con el carrito como si fuera ir a escalar el Everest), o experiencias reservadas a los vips (una sesión de retoques y bótox), o diálogos flojos y simples. Mero adorno, relleno o tal vez un intento de mostrarse más natural y cercana.

El elenco de personajes que gravitan alrededor de Pilar y su historia de amor son simples comparsas. Bultos a los que contar o mostrar su felicidad o con los que compartir sus miedos o inseguridades. Sus primas, su editor, sus asistentas y sus amigos escritores/snobs, su hijo y tal  vez alguno más que se me puede haber escapado ( imaginaos su intensidad) viven por y para ella. La escritora no ha tenido a bien otorgarles ninguna personalidad interesante. Un ejercicio de egocentrismo inecesario.

Con todo hay momentos que me han divertido, especialmente en la primera parte del libro. Pilar a veces se nos muestra graciosa, como una mujer capaz de reírse de si misma (eso me gusta), consciente de sus limitaciones: " yo soy una escritora de segundo orden porque el periodismo ha consumido los mejores años de mi vida", en algunos aspectos insegura y en casi toda la obra obsesiva y apasionada.
Porque de eso va la historia que nos cuenta, de un fuerte amor de verano, una relación intensa, no del todo clara y sobretodo breve -clave para que sea pasional, no? - que la autora dice haber vivido en sus carnes. Ella "nos ofrece su vida abierta en canal" un acto de generosidad y valentía extrema o ¿una forma de hacer psicoterapia?.
Debo reconocer que su lectura -además de divertirme en ocasiones como he dicho-,me ha causado un pelín de trauma: imaginarme que la líbido de una mujer que ya supera la sesentena me da mil vueltas cuando yo apenas paso de los cuarenta me hace reflexionar. Tal vez la solución al problema sea tener una casita en el hermoso pueblo de Llafranc y beber un pelín más de vozka.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Última entrada

Tres minutos de color. Pere Cervantes